Tesoros ocultos

Entre tanto desorden de matices,
óleos mediocres de la escuela de El Greco,
bargueños, platos, libros, vasijas, pergaminos,
y un frío de gusanos como el que vive dentro de un panteón
junto al joven portero que esperaba impaciente
a que fueran las dos para cerrar la sala,
una barra de pan recién cocida
se enfriaba tierna de claridad
como si Zurbarán acabara de entrar al refectorio
y fuera a bendecir a la Pintura.

Area Wi-Fi

("Gran Café", Instituto esquina Munuza, Gijón)
Para Mari Carmen y Gregorio, amigos de Gijón

Predominan mujeres maquilladas un poco con rutina,
viejecitas que tiemblan, solteras resignadas, todas muy elegantes
Un viejo calvo, solitario, de cuerpo delicado
hojea lentamente la prensa matutina, ya pasada.
Es un café como el salón de un barco, un poco a la deriva,
con espejos oscuros, sofás de terciopelo,
viejas fotografías de la playa y cuadros art decó,
mentidero cubierto, soportal provinciano.
Entre el frágil murmullo de las conversaciones,
las miradas perdidas, los suaves movimientos de la gente
y el ruido de las copas y de las cucharillas
un joven sucio, rapado y mal vestido, de cuerpo deslumbrante,
conecta con la virtualidad, ensimismado frente al ordenador
de espaldas al mundo real que le rodea en un café del siglo XIX.
Gente que a través de los grandes ventanales
ve pasar la vida cada tarde como la vieron ayer y la verán mañana.
Historias repetidas que esperan resignadas que deje de llover.

Cementerio en Luarca

Las cruces en lo alto sostienen
la plenitud azul del mediodía
y la muerte escondida se enfrenta
victoriosa con el mar.
Matrimonios unidos de por vida
(o eso dicen las lápidas borrosas)
vinculados ahora por la muerte
esperan lo imposible:
que el mar se seque y que vuelva el amor.
Cuando vivías, un cementerio marino
me traía el recuerdo de pinos y palomas,
ahora me acerca a ti, madre,
esperando en un mar de secano
que los chillidos de las gaviotas que no oyes
te despierten y te traigan ese amor
que hace tiempo abandonó tu vida.

Dust

Nació y la llamaron Rose,
los mejores colegios, el baile fin de curso
donde por vez primera su traje se manchó...
fue hippie, preppie y yuppie
se entregó con pasión a muchos cuerpos
sin distinción de sexo, drogadicta,
agitadora, demócrata y atea,
luego republicana, madre y ejecutiva,
atacada de cáncer, radiaciones,
una peluca rubia, evangelista, divorciada,
emprendedora de negocios,
periodista, portavoz, vegetariana,
en ocasiones líder y por fin abuela
se retiró a una isla a escribir sus memorias
y a dibujar iconos de santos ortodoxos.
Un puñado de polvo,
guardado en una arqueta de metal
olvidada en un sótano oscuro,
es todo lo que queda de su muerte.
De ella queda la espina de su vida.

Regiones devastadas

Rodeada de tubos y de hijos,
un pedazo de carne retorcida, desencajado el rostro
al respirar expulsa un sonido animal.
Si el marido la viera y la reconociera
seguro que se arrepentiría de haberla abandonado
y de haberse llevado su memoria
entre puros habanos, crucigramas, viejas fotografías
y el cansancio de años de una alcoba.
De la finca donde se retiró
ha traído el mayor de los hijos,
que a veces se parece tantísimo a su padre,
una rosa temprana del rosal
que ella misma plantó en épocas felices.
En un vaso de plástico inseguro, sostenido entre cables,
al lado de la máquina que cuenta sus latidos,
está la rosa que ella, aunque abriera sus ojos,
nunca podría ver.

Subjuntivo

Y tener que explicar de nuevo el subjuntivo,
acechante la tiza de la noche del encerado en luto,
ahora que ellos entregan sus cuerpos a la hoguera
cuando lo que desean es sentir el mordisco
que tatúa con rosas coaguladas sus cuellos ofrecidos
y olvidarse del viejo profesor que les roba
su tiempo inútilmente.
Mientras copian los signos del lenguaje,
emotion, doubt, volition, fear, joy...,
y usando el subjuntivo de mi lengua de humo
mi deseo es que tengan un amor como el nuestro,
pero sé que no escuchan la frase
que les pongo para ilustrar su duda
ansiosos como están de usar indicativo.
Este será su más feliz verano
el que recordarán mañana
cuando la soledad y la rutina
les hayan destrozado su belleza,
la rosa sin perfume, los cuerpos asaltados,
ajadas las espinas de sus labios.
Pero hoy tienen prisa, como la tuve yo,
por salir a la noche, por disfrutar la vida,
por conocer el rostro de la muerte.